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jueves, 3 de mayo de 2012

Una sonrisa sotenida


Lamento la escasa lucidez del texto. No me he esforzado mucho. Sólo necesitaba desahogarme y poner mi mente un poco en orden.

Sin esperarlo sonó el timbre de las dos y media; qué rápido se me había pasado el día. El ruido me había dejado con la palabra en la boca para contestar un ejercicio de Lengua. La profesora me hizo un gesto de "mañana lo resuelves" mientras la clase se comenzaba a movilizar, y se puso a recoger sus cosas. Me tomé mi tiempo para decidir qué me llevaba a casa y qué no y meterlo todo en la mochila. Mis compañeros pasaron por mi lado empujándome para salir lo antes posible del aula. No dije nada; ya había recibido muchos empujones. Mi mejor amiga se dio también prisa en recoger y mientras se ponía el abrigo comenzó a meterme prisa. Se reía por algo comentado con otro compañero. No les presté mucha atención no dejé de sonreír. Era lo mejor cuando te sentías levemente ignorada.
 Me enrollé la bufanda al cuello me colgué la mochila de un hombro para seguirlos a tiempo y nos detuvimos en el pasillo para esperar a otros compañeros. Continuaron los empujones hacia la salida. Las conversaciones se componían de frases sueltas sin sentido y bromas banales sobre las recuperaciones de la tarde. Yo tenía que presentarme a un parcial y me había acordado esa mañana. Es decir, no había estudiado aún nada.
 Salimos del edificio escasos dos minutos después cuando ya la marabunta se había casi disipado. El grueso del ejército ahora estaba fuera. Conseguimos alcanzar la acera, pero la gente se esfumó como el humo sin siquiera despedirse. Miré hacia mi amiga, pero la había perdido. ¿Acaso no había salido conmigo? Yo seguía con una sonrisa sostenida en la cara sin saber muy bien por qué. Al fin la vi saliendo por la puerta junto con los compañeros a los que habíamos estado esperando. Tonta de mí, la había dejado atrás. Pero tampoco ella se dio cuenta de que me había ido. Me acerqué por detrás y se despidió de los otros, que ni me vieron. Ella me sonrió y me dijo que esperaba a alguien, así que decidí esperar con ella. No recuerdo de qué hablamos, pero con ella sí que sonreía de verdad.
 Llegó la persona a la que esperaba, que tampoco saludó. Me empujaron otros compañeros que se despidieron de ella, pero no de mí, antes de salir corriendo hacia la otra acera. Todo era caótico, y me di cuenta en ese momento. Vi cómo se iba ella y conseguí detenerla a tiempo para despedirme. Nos dimos un beso en la mejilla a modo de despedida y le deseé suerte en susurros para que su acompañante no me oyese. No vi si sonrió o no, pero supe que sí.
 Entonces puse rumbo a mi casa en un frío silencio. No sé por qué me dio por enviarle un mensaje. Durante el breve trayecto hasta mi portal todo el día se me fue echando poco a poco encima. Un gramo tras otro el peso acabó por borrar la sonrisa artificial de mi boca y convertirla en una mueca seria. A punto de llegar al parque recibí dos mensajes seguidos bastante escuetos, secos. Eran de él, pero no contesté, o no me acuerdo si lo hice. Tenía que bajar a la tierra con ese tema, así que decidí no pensar. Y es que tampoco me apetecía responder. Estaría concentrado en su estudio; ni siquiera me había contestado al mensaje de esta mañana.
 En el parque vi a unos amigos comiéndose unos bocatas, supe que tenían las recuperaciones esa tarde. Me acerqué a saludar, sonriendo, pero me dolió que uno de ellos, el que para mí era más amigo, apenas me hablase. Volví a sostener la sonrisa.
 Se acercaron otros; lo mismo.
 Finalmente me despedí y terminé mi trayecto hacia casa. Subí las escaleras del portal, saludé nada más atravesar la puerta, fui a mi cuarto, me quité la bufanda, el abrigo y la chaqueta y me fui a comer. Concentrada en intentar recordar las preguntas que caían en mi examen ataqué el plato en silencio
 Resignada recogí mi plato y me encerré en el cuarto.
 Entonces terminó la primera parte de la pesadilla. El tiempo se ralentizó, comencé a ver las cosas con más claridad, y se me empañaron los ojos. Me quité las gafas, dejándolas en un estante y resbalé por la puerta hasta quedar sentada en el suelo. Empecé a llorar. Una ola de calor invadió mi cuerpo haciéndome sudar y arrancándome un sollozo tan agudo que me asusté. Me tapé la boca con una mano mientras con la otra me agarraba el vientre, que aún me dolía del día anterior.
 Mis mejillas llegaron a encharcarse y empleé los puños del jersey para secarlas. Se me irritó la piel y comenzaron a dolerme los ojos. Seguí llorando con la boca tapada no supe cuánto tiempo. Al fin me calmé y me entró el frío. Con una pesadez extraña me levanté del suelo y conseguí llegar hasta la silla del escritorio. Miré los apuntes de Geografía; tenía en media hora el examen. Era sólo un parcial, pero como antes he comentado, no había estudiado nada. Repasé los mapas, algunos esquemas y me fui poco a poco templando.
 No tardé mucho en volver a prepararme para salir. Me despedí y salí por la puerta. Me apoyé unos segundos en la pared del descansillo. No me había lavado la cara. Me froté los ojos con la bufanda y entrené la sonrisa sostenida unos segundos antes de salir a la calle.