Era de noche como en el peor de los casos posibles. Un
viento cortante y frío presagiaba el inminente naufragio; llovía
apasionadamente y fue un error dejarte marchar, un instante fatídico. Adiós a
tu preciosa sonrisa, generosa y colmada, ahora el afilado silencio, ese oscuro
pasadizo que deja la peor de las ausencias, ni siquiera un portazo, un ápice de
rabia; si el llanto amargo en sopera de hastío. El tiempo ilumina los zarpazos
que va dejando esta contienda. Habrá con suerte quien venga a maquillar las cicatrices,
porque a pesar de aquella noche que mostró soberbia sus colmillos, el sol
paciente una vez mas, saldrá mañana para todos.