Es horrible perder la inspiración, pero a veces pasa. No llega ningún tema a tu cabeza y te das cuenta de que nada te preocupa demasiado. Tal vez sea que vivimos en un mundo consumista en el que se han perdido todos los valores, un mundo en el que la tercera guerra mundial amenaza con estallar, un mundo en el que mientras unos mueren de hambre otros pregonan su riqueza, un mundo en el que definitivamente existe la gente mala; y al darse cuenta de eso una escritora frustrada deja de poner interés en gente que no vale la pena. Tal vez ya no le afecten los problemas de su entorno, tal vez se ría de todo lo malo y piense de una vez por todas que toca sonreír.